ESPAÑA INCÓMODA.

"Demasiado libertinaje en la juventud seca el corazón, y demasiada continencia atasca el espíritu".

Charles Augustin Sainte-Beuve (1804-1869) Escritor y crítico literario francés.


martes, 15 de mayo de 2012

Un magrebí borracho apuñala a un “indignado” que pedía papeles para todos y la Policía logra salvarle la vida.



Estuvieron horas discutiendo sobre si acampar o no, llegaron a emprender la huida (abortada) hacia la cercana plaza de Tirso de Molina y, al final, fue un incidente de orden público, una pelea con arma blanca entre un presunto manifestante y un espontáneo, lo que dio al traste con su sueño de hacer noche en Sol en solidaridad con los 18 detenidos el día anterior. Lo cuenta en su edición de hoy el diario ‘El Mundo’.
Unos 150 indignados del 15-M han sido desalojados de la Puerta del Sol por la Policía a las 5.55 horas de hoy, cuando ya parecía que las autoridades les iban a permitir hacer noche en su segunda tentativa, en este primer aniversario de las movilizaciones. Dos personas fueron detenidas.
El grupo, que de asamblea degeneró en reunión de activistas y hasta en concierto rumbero (unos chicos sacaron unas guitarras y tocaron un rato), acababa de cambiarse de lugar en la plaza para facilitar la limpieza a los barrenderos cuando estalló el incidente.
Un ciudadano de origen magrebí, aparentemente borracho y que llevaba toda la noche increpando a los indignados e interrumpiendo la asamblea comenzó de pronto a gritar como un poseso en dirección al moderador, que se encaró con él para intentar tranquilizarle.
Fue en ese momento, con varios de los presentes ya de pie intentando evitar problemas, cuando uno de los concentrados, que durante buena parte de la noche había ocultado su cara con una máscara de las popularizadas por la película ‘V de Vendetta’ y el grupo Anonymous, se lanzó sobre el magrebí, según algunos de los presentes, con un objeto que podría ser una pala de las empleadas por los barrenderos.
Ambos forcejearon, lo que provocó que la práctica totalidad de indignados se levantara entre asustada e intentando mediar en la disputa. Para cuando el manifestante salía corriendo echándose la mano a la nuca, donde tenía un corte de unos 10 centímetros manando sangre, la plaza estaba ya tomada por una treintena de ‘lecheras’ de antidisturbios que aparecieron como por ensalmo, en tiempo record.
Los agentes rodearon a los indignados y de pronto cayó sobre el lugar un silencio sepulcral. El joven agredido, de craneo rasurado, quedó curiosamente tras el cordón policial. Con los concentrados de pie, cansados y en estado de shock por el suceso y la fulgurante intervención policial, el jefe del operativo se acercó a ellos y les dijo muy tranquilo: “Podemos hacer esto de dos formas: o colaboran, o utilizamos la fuerza”. Los indignados eligieron la primera opción y sólo dos hubieron de ser levantados del suelo, en actitud de desobediencia civil.

En el inicio del incidente, en el interior de la plaza sólo había seis lecheras situadas frente a la sede de la Comunidad de Madrid, y los agentes no parecían prestar ninguna atención a los indignados. Empezaba a dibujarse de hecho, en el cielo azul cobalto sobre Sol, el amanecer: en pocos minutos los trabajadores más madrugadores aparecerían por la plaza para coger el metro, lo que habría hecho imposible una carga para expulsar a los concentrados.
La asamblea, que estuvo a punto de autodisolverse de hecho varias veces a lo largo de la noche -por miedo a la carga de la Policía, como admitió alguno de los intervinientes-, atrajo a los habituales borrachos, pícaros y sin techo de la noche madrileña. Uno de ellos era el magrebí finalmente involucrado en la pelea, pero muchos otros convirtieron la reunión en una cierta jaula de grillos.
Los indignados estaban ya celebrando su victoria después de hacer, a lo largo de la noche, dos recuentos sobre cuántos estaban dispuestos a dormir en el lugar: el primero se saldó con no más de 30 voluntarios, el segundo con 150, cifra que no obstante algunos consideraban “pequeña” para resistir la carga policial.
Esta vez no llegaron a colocar toldos, como en la noche del sábado, pero sí varias mesas de cartón y sus habituales carteles. Sobrepasaron el límite del permiso de las 22.00 horas de ayer impuesto por Delegacióin del Gobierno, pero parecía que la ausencia de sacos, tiendas y material de acampada podía darles una cierta bula después del intento fallido del sábado.
No fue así. Un incidente de orden público hizo intervenir a la Policía, o más bien facilitó su intervención. Así, con una inesperada sangre, finalizó la segunda jornada de celebraciones del primer aniversario del 15-M.


Para que luego estos comeflores pidan "papeles para todos". Estoy seguro que el apuñalado se replanteará su posicionamiento para con la inmigración a partir de ahora...


Extraído de: ALERTA DIGITAL

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